sábado, 20 de febrero de 2010

Otra semana tontísima



Me he estado engañando: jamás divagué.
Ni perdí el tiempo haciendo las cosas que habrían resultado una completa pérdida de tiempo.

Supe fabricar un amor burgués de miradas y copas de helado; amor de padre, si prefieres.
De entusiasmo en lo fácil, en lo cotidiano, de ese que levanta religiones; del que duele perder.
Y luego se me revolucionó.
Se hizo bramido y campo, con todo lo que conlleva. Para finalmente alienarse en su libertad.

Y lo escribo porque no puedo pintarlo, para pintarlo porque no puedo explicarlo.

Lo que más valoro ahora es traerlo de vuelta con mucho cuidado, ya que es posible que me lo esté inventando todo, como un niño.

Si finalmente voy a envejecer,
me gustaría quedarme solo, como sola está la casa;
y ya que no puedes llevarte tu fantasma, intentaré hacerle reir mientras pueda.

La maldición de la energía



Primero se pone el disco.

Tengo la foto que nos hicieron en Amsterdam;
claro que la tengo.

Retiene lo mejor que he vivido.

Lo atestigua.

Y si no estuviera ahí, conmigo,

no cambiaría nada,

marca sólo un minuto,

un único minuto .


Pero en ella salen todas las veces que nos duchamos juntos,
y sales sin gafas,
pero también con ellas.
Y te veo vivendo conmigo,

estudiando conmigo,

y puesta de mdma;

saboreo el café en tu boca
y la cerveza,
tanta cerveza...

oigo gimotear al perro mientras follamos,

y se me llenan las manos cuando lloras;

se me asfixia el pecho
y me salgo de la cama,
y te reprocho todo lo que iba a venir;

y te suplico que te quedes, que me destroces;

porque quiero vivirlo.

Y en la foto no sabía casi nada de todo eso,

y aplaudo a la vida,

y la vitoreo,

y ella hace una reverencia, antes de irse por bambalinas;

y sabe que ha salido bien.


No tendré otra foto como esa en toda mi vida.
Porque ya no tendré lo que ahí se muestra,

ni seré quién dice que soy;

de lo que aparece en esa imagen

sólo queda la verdad para mí,

y la verdad para ti.

Y aquí estará.
..
Cuando quieras podrás venir a verla.

jueves, 18 de febrero de 2010

Neumoconiosis doméstica

Y de allí se marchó. Arrastraba el paracaídas desplegado por la cuesta y una estúpida sonrisa en la cara.
Y se recuerda porque yo me he quedado por aquí, sequito de ideas, mirándome las manos que parecen rendidas y me asusta la idea de quedarme a solas conmigo y sin hacernos compañía escribiendo...que ya ves, ¡vaya perdida!

Y ese algo mágico que tiene verla siempre más guapa que antes, eso también ha desequilibrado bastante el viaje; vamos, que ni de coña la acompaño porque mi paracaidas lo dirigiría un calígula bañado en crack con síndrome de Peter Pan y esos siempre suelen acabar a proposito en los cables de alta tensión, por el artificio y todo eso.

Y luego está Daniel Alcides, que se inoculó la verruga peruana para poder estudiar su proceso, y la palmó, sin paracaídas ni ostias. Lo que viene a ser el único "todo por la patria" que me he querido creer.

Si te pones a hacer recuento te sentirás tan viejo que la habrás jodido, que es más o menos lo que acabo haciendo cuando escribo de oido, como hoy.
Porque la escritura odia la rutina, odia follar mecánicamente y se acaba marchando con un poeta que juega con el lenguaje.
No sé si por joder...
O por apostar al caballo ganador.

Menos mal que tengo educación y le abriré la puerta de madrugada, cuando vuelva sin llaves y queriendo escribir seis horas seguidas para contarme dónde ha estado.
Se suele llamar "vivo sin vivir en ti"; y no lo dijo una monja porque esas no saben comer un coño.



miércoles, 17 de febrero de 2010

Releyendo a los clásicos IX

Recorrió la linea traviesa de todos los ropajes para encontrarse, a la postre, expulsada como vestal una y mil veces.
Ese y no otro es el misterio de la pasión; por el que siempre nos encontraremos en nuestras huidas.





"Un racimo de estrellas brillaba plácidamente sobre nosotros, entre siluetas de largas hojas delgadas; ese cielo vibrante parecía tan desnudo como ella bajo su vestido liviano."

V. Nabokov

lunes, 15 de febrero de 2010

Gracias por venir



En el palacio aquel ya no iba a pasar nada más. Los invitados huían con acompañantes que no habían traido, y aunque los músicos seguían dando espectáculo, a nadie le importaba.

Los carruajes, los taxis y los sidecares salían por la puerta principal sin orden ni concierto, apretujados, entre relinchos y bocinazos.
Estaban también los que se descolgaban por las ventanas, con sábanas atadas en hilera; o las tirolinas improvisadas desde el tejado con bordones de cortina y candelabros.

En el centro del salón principal, el anfitrión agitaba un expresso con hielo y Tía María y miraba concentrado el vórtice que se formaba en su vaso, preso de la insoportable vulgaridad de sentirse en un torbellino de emociones que nadie estaba dispuesto a presenciar.

Y sólo la música acompañaba su vaivén mientras decenas de invitados caían sobre los matorrales del jardín en arriesgados picados y saltos del ángel con limitado éxito.

Un pronto levantar la vista: la certeza de ser el hazmerreir general y un acompasado movimiento de cintura en un cuerpo que comenzaba a sentir la vocación de bailarín solitario.
¡A lo mejor la velada acababa de empezar!

Un chasqueo de dedos a la banda, la copa de trago y un par de vueltas hasta el mueble bar. Relajadas las formas tras aflojarse la corbata cambió la copa por la botella de möet chandon.
Un sonoro pum espumoso inauguró una época sin brindis, y alzando la botella al cielo, lo celebró.

Saltitos entregados por el pasillo de motivos orientales a ritmo de swing, pudo ver como los últimos rezagados le miraban aterrorizados, justo antes de lanzarse por la escalinata presos del pánico y estrellándose contra el marmol peruano del primer piso.

El griterío de pánico era ensordecedor. Algunos supervivientes se avalanzaban sobre el armero de la entrada, sacando carabinas y pistolas ya cargadas.
Pero cuando el dueño llegó abajo deslizándose por la barandilla, la mayoría de ellos desertó dejando caer las armas al suelo, suplicando entre chillidos por su vida.

Sólo uno permaneció allí; paralizado por el terror sujetaba una vieja escopeta de caza, algo que no suponía ningún tipo de defensa contra aquello que se le echaba encima en un zigzag propio del bebop.

"La vida es un chiste, nada serio que salvar de los gusanos; el amor no se está quieto y la humanidad sí que es fea", cantó mientras se acercaba moviendo los hombros y los pies; que aún se movían un poco después de que la escopeta se disparase y le volara la cabeza.
Era el fin de la fiesta.
Y aunque todos la recordarían, nadie hablará de ella jamás; es de mala educación hacerse a la idea de que tarde o temprano ocurren cosas importantes por poco que nos importe.

viernes, 5 de febrero de 2010

Stay hungry, stay foolish!

Café, actualidad, historias humanas de papel cuché, picor de ojos, montado de lomo y queso, paraje llano, otra vez sublimando imágenes de mi otro "yo" en Calatayud, cierzo y zen, puentes, montañas, otra bienvenida desastrosa, subirme el pantalón, horas colgadas al sol...la noche, beberme, volver a una casa, convertirme en sal.


Despertar ruidoso, la pistola no está bajo la almohada, armarme de buenas intenciones, reproches para almorzar, promesas de mal hijo que ya salen con facilidad, huida, kilómetros, llegada y fonda, las puertas se abren con estrépito y el extranjero se recorta entre la ventisca que hay fuera, nadie invita a más rondas, canciones, sueño, la misma cara en la memoria antes del apagón.






"Amigo mío, te sorprenderá sin duda, pero yo he nacido para el amor"; Burt Lancaster en Los Profesionales

miércoles, 3 de febrero de 2010

Narraciones extraordinarias


Alguien se ha dejado olvidada, dos veces consecutivas, la foto de su sobrina recien nacida en mi mesa,
y resulta algo tan incisivo que tengo que apartar la mirada, porque no sé que pinta ahí, ni sé que decirle...
Y miro su desdentada boca roja como un pescado crudo por dentro y me alegro por lo bien que se lo va a pasar;
luego veo la sábana azul "cielo de mentira" que la arropa, a juego con las paredes "blanco cristiano y orgulloso"... y me doy cuenta de que todos los padres y madres se parecen;
todos cumplen una función por encima de aceptar una responsabilidad; y me gustaría abofetearles a todos hasta cansarme,
por no enseñar una puta cosa útil en tantos años de protectorado.

Y luego miro al gato y veo que le han caido los cojones,
vamos que se le han descolgado,
o salido, no sé;
y me percato de que
igual por eso anda últimamente tan bastardo y tan de extrema derecha.
De hecho, se me queda mirando un rato,
se acerca ronroneando y ya, cara a cara, me escupe mientras me sujeta la barbilla con las uñas.
No es por desprecio porque lo hace, sino porque busca gatas y en casa no las hay,
claro, y porque tiene huevos para perder los porros debajo del sofa,
pero no para bajar a la calle desde un primero.
Razas de laboratorio de serie B.

Y harto de tanta idiosincrasia idéntica en lo circundante me bajo al bar,
al del Marca, el As, El País y un café por un euro diez;
y al momento se apagan todas las luces del local, la música, las máquinas tragaperras que a estas horas ya echan humo y hasta la cafetera se detiene.
Y, tonto de mí, imagino que es una fiesta sorpresa y que una chica guapísima va a sacar una tarta con bengalas y demás; y se me escapa un sollozo de emoción.
...
Hoy el mundo no se esperaba que me levantara gilipollas.

martes, 2 de febrero de 2010

Good Golly Miss Molly


Se derrama por las calles de Dijon.

Buscando el mañana,
y un colegio, una tasca agradable,
un kiosko donde comprar el Público
...buscando empezar, de una vez por todas.

Ójala lo quiera.

Y ójala la acepten.

O se perderán el brillo que hay en el centro de la Tierra.


En la estación

deja un carro de trastos que nadie quiere.
Y con piezas de lego en los bolsillos
busca un niño con el que recrear su hogar.

Del niño no hay datos; menos mal.
O envejeceríamos el resto de manera irremediable
al descubrir que el estanque tiene reglas
más allá de la belleza,

y que no nos pertenece

ni la expectante luz del engaño.


Lejos de Rangún

se acuerda uno de casi todo.
Y da vueltas sobre sí
seguro se estar bailando en círculos,
con un nenufar,
entre pan rallado tirado por una vieja
y muriendo por querer estar

a la intemperie

todas las vidas por venir.

lunes, 1 de febrero de 2010

Fin de semana en Hiperbórea

Trabajo con cloroformo y anfeta, y transportando esquirlas de vidrio bajo los párpados, con mi acidez perenne en el esófago y sacando del coma emociones traspapeladas que pican como el demonio.

De tanto manosear mis valores los he aprehendido con más fanatismo que un cacique.
Y mi latifundio está yermo, sí, pero por fin me acompañan mil especies animales junto al estanque, cada agonía del día.
Queriendo bañar en jade líquido y forrar de brisa pirenaica a aquella que me baila un privado con un niño okupa en sus entrañas.
Y ya que se imbrican los días unos sobre otros, apoyándose en las partes más dolorosas e inmaduras
... sé que no me gusta sentirme en proceso de disolución, aunque sin cuidado puedo andar tranquilo; estoy perdiendo la partida.
Por cosas como esta, he decidido que te mataré con las llagas de mi fé todos los días de mi vida, y aunque te lama las heridas de tu mirada, porque te quiero cadaver nostálgico bajo mi cama, jamás sabrás cuál es el santo y seña de mi manada.



sábado, 30 de enero de 2010

Verónica vivió una doble vida y ambas fueron una mierda

Noche bíblica, eso es lo que me ha tocado sin preaviso alguno.
Lo explicaré:
son noches que habrían cambiado el evangelio de cabo a rabo si el chulopiscinas de Jesús hubiese pasado por lo mismo.
Son noches de mujeres que te quieren follar -pero tú a ellas no- y de otras a las que prometes con todas tus fuerzas sexo eterno, pero huyen con media sonrisa de satisfacción
y media de martirio.
Una buena cura a la soberbia. Y me jode, ya que la soberbia es el pecado más cojonudo de todos; eso sí le dio tiempo a aprenderlo al chulopiscinas.
Pero poco después, sin salir de esa calle, mujeres que necesitan follarte como se suplica fruta fresca en la montaña, no saben pedirtelo; y claro, no se lo concedes. Eso sí, te llevas los presentes que te traen desde Damasco,
por eso de seguir pensando que eres un hombre que puede reinar.

Diez minutos después, liderando la marcha hacia la maitinada, localizas a otra mujer a la que acabas imponiéndole un orgasmo.
Por sorpresa, por las bravas y porque cuanto más me odio a mi mismo, más os necesito.

Lo dicho.
Noche de ponerse las alitas con broches y preguntar "dime cúal es tu elegida, Señor, que te la preño"...

De ahí que nunca me asciendan a semental; el vicio lo aprendí en el piso de abajo y el tabú es el chiste de Eugenio que sólo me hace gracia a mí.

De empalmada llego tarde a la cumbre de la ONU,
me siento en una silla que no me pertenece,
pido fuego a mi compañero de la izquierda (el africano que sólo rememora su vocación de jardinero)
y fumo. Como un rayo se me sube a las rodillas mi gato, Kowalski,
me choca los cinco y me susurra: "como a mi todos me caen igual de mal...
hoy tú decides los que pringan
".
Y se duerme en mi regazo mientras me mordisquea el dedo.
Tacho las tres rayas siguientes de la pared de la celda y me duermo regalándole mi último pensamiento a mi abuela, a la que echo muchísimo de menos.



viernes, 29 de enero de 2010

Releyendo a los clásicos VIII



"Procede como Dios que nunca llora, o como Lucifer, que nunca reza"
Almafuerte

Nosotros atacamos primero


Había que convertirse en estrella
pintarse los labios, enseñar los hombros
...pero vimos que eso no tenía futuro
Así que vimos enloquecer nuestra infancia
en mundos imaginarios
para echar el cerrojazo poco después,

dejándonos las llaves dentro
y el gas puesto
y el gato ahogado en el platito de la leche

En el colegio
se nos llenó la boca de muerte
y el cerebro de velocidad,
pero poemas sueltos de maricas muertos y enterrados
nos hicieron divergentes;
inútiles

Ahora no somos hijos de nadie;
ahora pensamos a gritos

Pero cometimos un logro
fue crecer;
habría resultado insufrible
mantenernos ingenuos durante más tiempo
en el minúsculo primer mundo.

jueves, 28 de enero de 2010

Canción triste de Silent Hill

De improviso las nieves se me aparecen en sueños; saliendo de las entrañas de una misa, en forma de ventisca, de las que asesinan viejos y los devoran. Y me escudo en afrentas no resueltas; ni en términos arcaicos, ni con envalentonamientos de la raza.
La sabiduría del que se presiente despojo no me ayuda esta vez; me pillan las fuerzas fuera de mi casa, a expensas de horarios disolutos, de huevos podridos y acero toledano.

Pero el sueño se devora a sí mismo, como la Nada y Fantasía; el tejado de la casa sale volando junto con el ganado y los vecinos. Y me lo acabo tomando como algo personal.

Una vieja, acostada en mi lado de la cama, me sobresalta: " Lo romántico se configura cada vez que lo somos y cada vez que no lo somos. Intentar presenciarlo resulta frívolo, porque lo recordamos como una semilla que brota y lo recogemos como una calabaza cubierta de tierra".
Y dicho esto, me da la espalda y se queda profundamente dormida, la vieja.
Entonces te estoy sirviendo un café, porque mientras los otros camareros intentaban explicarte entre todos, yo he tomado la delantera; para pasarte desapercibido, seguramente.

Cuando para el asombro de toda una estirpe fálica, tras el primer sorbo de café, me aconsejas: "La liberación sexual se encuentra donde menos se enseña, en la masturbación, en una masturbación pública abierta y sana. Donde la excitación haga el papel de moral y/o educación. ¿Existe algo más sugerente en sociedad que una masturbación? Yo creo que no".
Y me siento orgulloso de ti.
Por listilla y por talentosa, en un mismo cuerpo.

Pero todo se difumina e imagino que tengo una vida ordenada, compañera de la causalidad; abro un ojo y os veo, otra vez a todos vosotros, fuera de mí.
Pero aún no lo he entendido, o mejor expresado: aún no he visto morir este poema. Así que me zambullo en todos los mares que conozco y me siento otra vez frente a mi celador, el que marca mis permisos y mis encierros, la mano que mece la orden.

Y me pregunta: ¿A qué teme usted?
Y me da la sensación de que esa pregunta me la sé.
"A no vivir nunca en el ahora, doctor.
Pero llamarlo temor me hace parecer un pusilánime;
y tampoco se trata de una obsesión...
eso me suena a pervertido.
Señor, el verdadero temor de cada día es a no volver a sentir mi cúspide".
.

domingo, 24 de enero de 2010

La vida es una enfermedad de transmisión sexual




Nunca elijo sabiamente y pocas veces conspiro, lo mío es decantarme;
girar el manillar, virar a la calle menos concurrida. Salvo al follar, allí es más una rendición: apostatar.

Nunca me paro a pensar nada por problemas de tiempo. Tiendo más al divagar o a achicar las aguas del océano. Y sin darle validez al mundo mental, porque los sentidos acaban escaqueándose del deber.

Siempre veo lo prehistórico en la gente, lo acelerado y lo instintivo; porque soy la medida de todas las mentiras y verdades.
Aunque en mi ofuscación perenne me impresiono con todos vosotros.

Siempre juego con miedo a entender las reglas; es la única manera de ganar siempre lo poco que implica el premio. Lo poco que implica el tiempo. Y el amor al tiempo.

Sólo en ocasiones perfectamente ingobernables se alza el día con una batuta luminiscente; sobre la que subyugamos el destrozo de nuestros pasos. Y con la polla bien dura salgo en pos del niño que fui, en tiempos que no me pertenecieron, para enseñársela y que sepa que el horror es una mala noche dentro de nuestras cabezas, y que todo lo demás es gospel y que los dioses nos escuchan y nos respetan.

domingo, 17 de enero de 2010

Cuídate mientras vivas



Hay historias publicables, pero la gran mayoría no las quiere escuchar nadie.
No me las quiero dar de chucho malherido, a veces sí; pero ahora no es el caso.

Lo que de verdad busco es un poco de paz en el Carrefour, en el autobús y frente al café diario que me sirve esa camarera rumana tan perfecta y seria.
Porque si me llevan a Tokio estaré mejor, seguro; pero aún con los bolsillos llenos de bragas usadas y un peinado estupendo, la cosa no cicatriza como debiera.
Ya no quiero meter la cola en ninguna parte cotidiana, ni desbarrar como un mal clown animado por su propio desdén.

Empiezo a creer que no voy a encontrar el camino de vuelta a los roces livianos, a las mujeres que quieren ser niñas sin poder serlo o al verano del que me fui sin despedirme.

Y por eso ruego el gustarle a la tipa de los tatuajes, con sus labios rojos de putón, y sus ojos de no saber que hacer con un tipo que le sonría todas las mañanas. Y lo necesito para poder ver más allá de la catarata tras la que estoy, porque estoy lejos de mi tiempo presente por sentirme un héroe de mil caminos.

Y al afrontar con dos manos impuras el sagrado acto de acariciar espero exorcizarme, de la vejez que me reconcome desde que no soy nadie.

jueves, 14 de enero de 2010

La apropiación indebida


Viene el viejo unicornio a la ciudad.
Ha sobrevivido a Lao Tse,
ha cruzado los campos inclinados de té,
aplastado a los topos fosforescentes,
demolido los túneles y las falsas promesas,
y se ha jodido a tres cebras por el camino
que quizá merecían morir más que las otras.
Está olisqueando la orina del callejón
buscando alguna clase de elixir occidental.

Nosotros, coronados por dos cuernos de pelo,
le estamos observando.
Tiene una coraza de carne noble
como el carpaccio,
y es bizco como una pescatera.
A base de creer que siempre huye
ningun cazador le toma en serio.
Nos ha visto el pelo despeinado,
los dos cuernos,
y nos ha bautizado
como los dos mejores rifles de la tierra.

Perpetrado por LUIS (o el tipo que levanta faldas junto a la m-30 por deje profesional)

lunes, 11 de enero de 2010

Una puerta inmensa

Un nuevo día, de una nueva semana, y un nuevo aniversario, ¿se alzará sobre hombros de gigantes, o se clavará en la tierra como el diablo de Tasmania una de cada tres veces?

Ya va siendo hora de entrar en las agendas, ¿verdad? Pero queda una elección ¿la concordia frente a la copa de vino que nunca apetece del todo, o montar un atentado pornográfico para las West End Girls?
No hay prisa, ¿o es el momento de hacer un salto del ángel sobre el río repleto de peste química y desatascos de pocería?

De crío leí "Vania el forzudo", un chaval de las estepas que alcanzaba la fuerza trás hacer el vago siete años comiendo sólo pipas de girasol junto a la chimenea. Los de Barco de Vapor revisitaban Edipo Rey, pero versión rusa y sin padres ni madres...sólo Vania y el zar; o Vania vs. zar; según preferencias.
¿Me habré preparado como Vania para derrocar al Imperio e imponer mi propio reino de terror, o sólo he sido un vago durante más de un lustro que ha comido pipas frente a la chimenea?

Lo que si está claro es que allá donde pongas el pie: ármate de valor, porque alguien lo va a desear; no hay nada que nos excite más que el robo, la apropiación indebida (que me parece un título cojonudo para la novela que nunca escribiré, o para la obra que quizás sólo esté dictada). Y no es que debamos compadecernos del desvalijado, todo lo contrario, admiramos la victoria; aunque sea un estado mental...¿o era social?

Sólo un planteamiento más, ¿será capaz Hamlet de salir de debajo de la cama y jugar con Ofelia a esos juegos nocturnos cerca del río, o madrugará para matar al cabrón de Claudio y sentarse en el trono del éxito del que moja todas las bragas del reino?

Disolvamos la duda y entreguémonos en cuerpo y alma al arcano arte del despiste, actividad para la que no me torturará no tener memoria.
Y el consejo de hoy: Jugar con chicas es el juego de los chicos; me lo dijo una chica cuasiespecial, pero creo que se esforzaba en decir lo contrario... ¡cómo si los contrarios existiesen!



lunes, 4 de enero de 2010

No existe la protección de testigos



"Está muy cansado, ¿verdad?", y me desperté con esas palabras en un restaurante chino vacío, con la comida delante (o la cena, o el desayuno).
Salí a la calle con aquel tierno despertar escribiéndose en cada célula; ellas lo creyeron de verdad y yo lo entendí así de tarde.

He alisado mis músculos hasta que se confunden con juguetes de plástico; ni rastro de vitaminas, ni fibra, ni...
Pero aún conservo intacta la percepción: aún capturo toda la gama de colores y brillos. Sabiendo que tengo todas las de perder frente a la no renovación de las sinapsis.
Quizás seré el último en percibir lo que hay; el último tipo despierto.

Y ando en busca de misticismo, claro; ya sea entre ballenas o en un pueblo de la Polonia post-comunista: un entorno no valido para la publicidad, ahí debe haber algún dios.
¿Creyente? No, únicamente harto de estar de espaldas. A la ciencia, a la civilización y a la ternura.

A. me avisa, que ésto se pasa, pero me temo que no veo tan claro que seamos rompeolas del tiempo, sino piedras que parece que se mueven en los desiertos. O basura espacial soñando con abrir un agujero en la MIR.

En cualquier caso, tengo claro que "lo que nos hace más fuertes, nos mata".

sábado, 2 de enero de 2010

Un runrun inevitable

Oleadas de bienestar y muerte. Señal de que he visto otra vez a la cruda madre y se me ha ahogado entre tragos; pero tambien de que he contado el gran cuento y nadie lo ha entendido. Mierda de campamentos de boca abierta y run run run run run.

Tú pon una piedra en el suelo, que en lo que tarda en rodearla el sol debería bastarte para dar una lección de caterva y sangre (si es que esto se debe separar); y si así no ha sido, acaba con tu vida y deja de dar por el culo a los librepensadores como yo. El antes y el después sólo sirven para dar contexto y para mayor gloria de la causalidad. Y me duelen músculos con razones de más. Y con razones mejores.

Y quiero hablaros de cosas serias, pero eso sí que es chungo: porque sois gilipollas; y a los gilipollas se les cuenta cosas de mentira que entran bien, se notan menos y saben mejor. Olé los chochos y olé los chichos.

Run run run run. Circulillos en cuclillas, bailes de preescolar y atentados. Yo os quiero decir a gritos que se me acaba el amor, que hay caminos para arrastrar esas penas y no tengo suelto. Pero a lo mejor no los necesitáis.

Dos cigarros de cuatro. Lo digo para que seáis conscientes de lo que cuesta escribir. O dejar constancia, o salir por detrás, o llamar a la poli, o cortar algo puro, o cantar soleás, o morir cansado, o añorar la basura.
Con dos deditos pretendí cambiar las cosas. Eh, aquí, el hombre. Y más que se deja entrever y luego es un charco de agua sucia y jipis colgados encantados con las drogas.
Y quedan dos pitis y me he dejado a otra piti en el camino de los bailes de salón y quién quiera entender que luche y caiga. Que una vez en el suelo se nota más el peso de las hadas y el peso propio de los empujes de la mente.

No comas aquello que no puedas tragar, y cartón piedra en tu retina hasta que tu mirada sea incendiaria. Run run run run, run run run run. Te deseo lo mejor si no me tengo que hacer cargo. Que pica como la carcoma y la gazuza. O como se diga.

Qué maravilla, cómo lo iba a predecir, hasta la intuición tiene un maestro...la perversión de hoy y la promesa de mañana. Porque mañana es un misterio y una amenaza.

Disfruta el miedo. Y cágate en los idiomas compartidos. Último cigarro, pero lo dejo para la intimidad.




viernes, 1 de enero de 2010

Juego de piernas



Trastabillaba sin parar mientras apartaba tias buenas; con la copa de alguien y mi propia alegría de comatoso. Sabiendo que nadie puede llevar bien mi ropa. Vocación de proxeneta y de poeta.

La única polvora que cargo está en circunferencias en mis cigarrillos; me sobra para hacer una matanza.
Oyendo mi propia voz pinchada, asustando a los viejos del carajillo. Lanzando un mensaje claro y conciso al hiperespacio y a los hijos de los aliens: no tengo mal perder, pero cuando gano puedo levantar un coloso de Rodas entre dos orillas.


Algunas tías portan un culo perfecto y minifalda o un vestido de lentejuelas y una cresta o un jersey de cuello alto y una sonrisa de folladora nata; y me siento esperanzado como esperan que me sienta en época de elecciones. Y hay señores con los que se puede conversar en rima; hay poemas andantes, que van calle abajo dando saltitos.

Nada de poses, por dentro aprendo lenguas vivas. Y algo más complejo que tener prisa, algo que se me escapa; sólo por ahora.

Váis a estar orgullosos de nosotros.