viernes, 30 de abril de 2010

Un menú sólo de entrantes






Seguro que volverá a ocurrirme, ya lo verás; no tendría sentido toda esta contención -esta lasitud- si no me esperase, pasado mañana, tras la esquina.
No puede haber ocurrido y ya sin más, apesadumbrarse todos los días por venir.
Sí, sé que a la gran mayoría les pasa. Se encuentran a gusto en un solo día y de regalo toda una vida para entender la broma. Pero no es el caso que nos ocupa.
Además el gusto por la nostalgia lo perdí a los diecisiete.

¡Qué increible es la envidia! Te agarrota y te entierra en el desierto, te quema la retina; te da por perdido. Y para salir del túmulo te aferras a habilidades infantiles, a ánimos equivocados del padre.

Pero estás sepultado en la autocrítica, esquivando ataques de pánico con una mano en el pecho, y otra en la cartera. Cuando la boca se te llena de mentiras, comienzas a soñar. Despierto. Pero ya no apuntas ninguno, porque se comienza a santificar la verdad.

Se abren las puertas de par en par, para que corra el aire y traiga el aroma a pan de aceite de la tienducha de detrás de las pistas. También vuelve el caliente sudor de las chicas del 83, que bebían en aquel bar del pasaje donde ponían Los Burros.
Y sobre todo el rumor del cloro que impregnaba el camino por donde habían pasado sus hombros finos, cobrizos, perfectos; y la senda que me conducía hasta ella, en los trigales; más allá de la alambrada.
Cuando era tan valiente que firmaba cualquier pacto.

Repito, no es nostalgia: es fatalidad y negación de lo evidente.




La ciencia lo explica mejor. Como siempre.
En la niñez, en la juventud y así, las sinápsis están frescas como arándanos recien tomados del arbusto, las imágenes, los detalles, se clavan a fuego y se recuerdan siempre. Por un lado porque se aprende a sobrevivir -una información sobreestimada- y por otro, porque esas sinápsis hacen prevalecer esa información, por "antigüedad", por encima de los nuevos recuerdos, menos vívidos, menos determinantes.

Toda una corriente de abrazabragas como yo cree -y he querido usar el verbo creer- que al filo de la última noche, antes de extinguirse, esas sinápsis intensifican en un último estertor eléctrico la percepción.
Y pueden pasar dos cosas, dentro de los términos de esta superstición: o se vuelve a sentir con aquella calidad lo que pase en el momento, o se recuerda con total lujo la información del trastero de la memoria. Una opción merece aguantar lo que nos echen por poder presenciar "lo que sea", otra vez, con esos ojos; la otra es un fracaso estrepitoso en el crecer.

Intento descifrar en cada persona de la tercera edad cuál ha sido el camino tomado, hago estudios de estadística, intento elaborar un programa estándar; pero se cruza en el experimento una variable insidiosa que estropea las muestras: todos se niegan a que se haya acabado el mundo perceptivo, todos olvidan y siguen viviendo como si nada.

Pero pasado mañana... pasado mañana.


jueves, 22 de abril de 2010

Reescuchando a los clásicos V


FIRE!


"Dejemos las conclusiones para los idiotas"
Pío Baroja (1872-1956)

miércoles, 21 de abril de 2010

Atízame de pleno pero no me des la vara





El combate a muerte definitivo. Dos luchadores que se ríen de la muerte.

Él, un sociópata inadaptado, pletórico de hiel y poesía, hiperestésico y lleno de autolesiones; la mitad imaginarias.
Ella, una despiadada seropositiva, mitad infantil, mitad caprichosa; con ganas de llevarse todo por delante y que nadie sea capaz de hacerla sentirse protegida.

-Los personajes procuran ser ficticios en la medida de lo posible-

El local está abarrotado porque se ha corrido de boca en boca que es algo digno de ver. Eso es un punto en contra suyo, pero también del público: él ha prometido matar a todos los presentes si resulta vencedor.

Fight!

Ella le mira compasiva, y se acerca sonriendo.

Con la guardia baja y pensando que ella iba a lanzarse a sus brazos...sucede un primer error de principiante: disparada hacia delante le incrusta las rodillas en el plexo solar derribándolo a varios metros.

- Di la verdad, tu peli favorita es la Guerra de los Rose...

- Sabes perfectamente que no soy un tio con una única pelicula favorita.

Un rápido vistazo de psicópata entrenado le da toda la información estética de ella, calibrando así los pros y contras de su vestuario en este asalto.

1ºLas botas le ayudan a dar unas patadas devastadoras, debe evitarlas todo lo que pueda.

2ºLuego está ese estúpido corte de pelo ochentero; podría agarrarla y someterla así, pero la educación televisiva que ha recibido le impide luchar como una chica.

- Cada golpe que me des me hace más fuerte, si quiero puedo ser un masoca perfecto.

- Yo al menos he practicado el sado, tu sólo lo has imaginado, freak.

Como había pensado, ella se obsesionó lanzándole patadas giratorias. Tenía prisa por ganar; bueno, siempre había tenido prisa en general.
Tras esquivarlas como un rayo, se sitúo tras ella y la agarro con ambos brazos buscando un rozamiento que sobrepasaba lo enfermizo.
Ella lanzó la cabeza hacia atrás, rompiéndole una vez más la nariz. Se le nubló la visión.

- Me tienes harta. Montas esta pelea y ni siquiera tienes intención de luchar.

- Tendrás mucho que objetar... has invitado a más de cincuenta personas para verlo.

Totalmente cegado se rebuscó por los bolsillos, sacó un dispositivo casero y lo accionó.

- ¡A tomar por culo!

Toda la grada estalló en llamas. El público chillaba enloquecido extendiendo el fuego por todas partes.

- ¡Pero contra quién luchas, puto enajenado! ¿Cuándo has preparado esa bomba?

- Todo es un plan maestro para vencerte por fin, zorra. Primero anulo a esos vendidos que sólo te animan a ti. Así estaremos en igualdad de condiciones.

Animado por su aparente genialidad, se avalanzó como un oso hambriento sobre ella, cayendo encima con todo el peso y dejándola inconsciente. No se movía. No respiraba. ¿Sería posible? ¿Por fin la había superado?

Las lenguas de fuego surcaban el techo y las paredes. Tenía que salir de allí...pero ¿iba a dejarla consumiéndose en el incendio? ¿Ese era el final que siempre había anhelado? ¿Era un buen momento para dejarse llevar por su típica catarata de dudas?

- Querida, ¡qué te den!

Pero fue darle la espalda y ella se levantó como Drácula, con la boca y los ojos abiertos por completo. Trepó por su espalda y le arrancó medio cuello de un bocado.
Cayó como un pelele tembloroso y con la respiración chirriante.

- ¿Quieres saber porque hice de tu vida un infierno?, dijo burlona mientras él sujetaba la sangre de su cuello con las manos.

- ¿Por...por no decirte casi...nunca te... te quie... ro en vez de...en vez.. de te necesi...to?
Justo antes de contestarle se detuvo. Ya estaban otra vez en ese punto; el chalado y la psicópata que se intercambiaban las personalidades en un intento más de no abandonarse por completo.

Pero esta vez el juego se les había ido de las manos. Él se había desangrado y mantenía una mueca de sorna y terror: blanco total y con los labios apretados y estirados...por fin le había salido poner los labios especiales.

Ella salió en el último momento del local que se derrumbó tras de sí. Era el fin de una era, como decían siempre las películas que él guardaba como tesoros. Y el principio de otra. Menos violenta, más constructiva. Totalmente diferente.

Había ganado y no sabía el qué. FIN



lunes, 19 de abril de 2010

Un ternero lindo puede mamar de dos madres



Se me abren las alas por exceso de café y se me enredan por falta de sueño. Pero como bastante bien, mamá...ya ves que algo se adhiere, después de todo.
Prefiero contarte abiertamente que me la casco con desgana a veces, pero otras veces estoy seguro de que me hago el amor, o al menos de que me compenetro bien conmigo mismo. La última cayó mientras le daba otra oportunidad a "El hombre que nunca estuvo allí"...que ya ves tú lo interesante que fue revisitarla.
En cuanto al tema nietos lo tengo todo más controlado; sé que me gustan las chicas (que es un comienzo), pero las muy cabronas toman anticonceptivos por su cuenta. A la última conseguí sacarle el anillo vaginal mientras la masturbaba, pero resulta que en las 3 primeras horas aún no hay fertilidad, ni vida que se abra camino, ni ganas de chapotear en lo inerte.

Estoy barajando la posibilidad de empezar a plancharme la ropa, de pasar el recogemigas al mantel antes de sacudirlo por la ventana y de colgar una bandera de España de mi ventana, porque sí, porque es mi país y deben saberlo mis compatriotas.
Creo que ya es hora de pagar tantos años de excentricidad, de pasear por la calle con la mirada clavada en mi paquete y de no encumbrar a ningún ídolo única y exclusivamente por despotismo. Esta navidad os compro lotería de Navidad sí o sí; que seguro que nos toca, ya veréis.

Ah, tanto las E.T.S como las drogas químicas no eran para tanto, otra vez tenías razón; aunque tus ánimos constantes para que experimentara la vida hasta la raiz me parece que responde a una cruel superioridad sobre mí. Tanta filosofía vitalista y tanta cultura del desgarro existencial no me han aportado nada más que arrugas en el entrecejo y un andar raro...

Igualmente, gracias.



domingo, 18 de abril de 2010

La cena fría

Primero unas imágenes.

- Un tipo cualquiera curra a la vuelta de la esquina vigilando un parking desde una casetilla donde volverse loco debe resultar muy fácil.

- Dos tios, camino a casa, comentan que Juan se ha ido, con una "piba", sin decir nada.

- Se cruzan en mi camino unas veinte chicas y todas se parecen entre sí, y no creo que les importe.
- Otras chicas pasean de la mano y con mi ojo de cerradura veo que una tiene dudas.

- Nadie sonríe tan temprano.


Y ahora lo mío.
Recorrer la ciudad es algo feo de cojones. Significa hacer sangre de cualquier encuentro, ya que mirar con nostalgia los fotomatones o emborracharse en cualquier barra es de un rutinario que tira de espaldas; lo mejor será inundar el valle y achicar la corrala.
Poner la puerta cada día en su sitio ha sobrepasado la metáfora de la roca y la cueva, y ya no sacia ninguna sutileza; todo es ya tan concreto que da pena y aburre. No recuerdo la última vez que jugué con las palabras, y no he visto por la calle ni una sola intervención artística-urbana de esas tan de moda.

Nos han timado a todos; sólo queda beber, follar, abrazarse cuando hay más gente delante y llenar el feisbuc de inquietudes de mierda.
Como dijo el protagonista de una peli el otro día, "me da igual vivir o morir".
Y, añado, me importa muy poco lo encontrado.



sábado, 17 de abril de 2010

Ya no me cantes, cigarra






Que si el intercambio de energías, que si estoy agotando el qi...
O prostitución tántrica o nada.

Tengo los brazos llenos de arañazos del gato, el porno ha desaparecido de mi madriguera y he vuelto a las poluciones nocturnas de la edad del pavo... ya he visto unas cuantas candidatas a las que llenarles la espalda desnuda de jeroglíficos y romances, pero tienen novio, novio y relación abierta que es lo que se lleva (una mierda contradictoria pero que parece que satisface a muchas menos de lo esperanzador).

Y tan pronto te abofetean con L´Atalante, como te cantan una copla de los de gitano con el dorso de la mano duro porque lo mismo da todo, y ni rastro de un chivatazo, de un aviso; y hablando de avisos: ya he aprendido a ser una persona horrible y se me da bien...que nadie venga apelando a la inconsciencia o la ignorancia que tiro a dar y tengo un gato entrenadísimo en el combate.

jueves, 15 de abril de 2010

Adentrándonos en la intercapa




Me quise tanto de crío que no hay ya dios que me aguante. Y me río con aquel enano, pringao como el que más, a través de los vórtices del tiempo y del calcio.
Me cago en mi calavera una y mil veces y sigue queriendo más...más tortura, más sabiduría personal e intransferible; más catástrofe y reconstrucción de las ruinas.

La periferia clama por otras exigencias pero el cerebro, quién realmente manda, está borracho de poder y enfermedades incurables: la falta de vida potable contra los anticuerpos de la inmortalidad.

Sí. Un desbarro tras otro que tendréis que aguantar si me queréis o si vivís cerca.
Una oportunidad de oro para salpicarme con el coche al pasar o de robarme el último piti de camino a casa.

¡Qué mierda tan salvaje resulta la incapacidad de discernir si nos ha ido bien o mal!
La opción de siempre: quemar una tonelada de sus cosas.

lunes, 29 de marzo de 2010

Otro tonto con lo mismo




Conocí a un tío que guardaba los coños en frascos, en una disolución acuosa de formaldehído, o formol, y con abono orgánico líquido como sustento de nutrientes.
Había descubierto que, por ilógico que parezca, era mucho más conveniente para la conservación una temperatura de clima tropical.
Aunque empezaba a cuestionar los límites de lo óptimo experimentando en atmósferas
más baldías,
remontadas río arriba;
de parajes propios de la duermevela y el mito.

... nunca sacó uno del recipiente que no fuese a utilizar.
Poco a poco fue integrando su conducta en la médula espinal de su existencia,
su matrimonio y su paternidad.

Comenzó llevando un pelo rizado metido en la boca mientras veía con su mujer la televisión o les leía un cuento a sus hijos...sintiéndose centro único y absoluto del universo fabricado por un demente,
consciente en solitario de su comportamiento, observador y bufón de una vida sin nada, absolutamente nada en el exterior,
salvo los coños.

Los coños nunca le vieron llorar o tener miedo. Su perro sí; le miraba con una mirada escrutadora y atenta: queriendo entender si su amo dominaba los coños o era al contrario.

Había coños olvidados en el maletín con las cosas del trabajo, en el microondas junto a una taza de café frío o en el estante al lado de las fotos en las que salía joven, haciendo cosas que hacía cuando era joven y los coños no le obsesionaban en términos de epidemia.
Coños, Por toda la casa. Coños

El tío tenía ataques de pánico, aunque en esos momentos no estaba para coños.
Tenía un truco para intentar recuperar el ánimo: pegarse con sus hijos al estilo padre necesitado...ya sabéis recibiendo todas y fallando una tras otra, eso le hacía sentirse mejor porque ellos también se sentían mejor.
No hay nada como ganar a uno grande o perder contra muchos pequeños.

El tipo murió a una edad insultante y le lloramos un montón todos. A día de hoy, los amigos todavía intentamos encontrar su colección por alguna parte, ya que no estamos para aprender ninguna moraleja en este planeta.



sábado, 27 de marzo de 2010

The ponies run, the girls are young



En esta ciudad no existe el ardor. Aunque las hogueras ayudan, sólo de tu energía interminable puedes fiarte. Todo lo demás lo has imaginado así.

Y en la calle, reinterpretar los susurros del viento (cuando lo hay) y calibrar la tonalidad del sol (con los ojos abiertos) cuando cae la noche.

En un mundo en el que los sin hogar no se acurrucan juntos
no puedes esperar entender muchas cosas; ni pretender poder alguno.

Sobrevivir a la avalancha es una exigencia del guión, una criba por resolver.
Y de la misma manera en que te internas en el mar sin nada en los bolsillos tienes que separar la cara tras el siguiente beso. Créeme.

Tú que quieres aprender a vivir debes olvidarlo todo,
morir varias veces, hasta que salga bien;
hasta que vuelvas a dudar si no será
que eres inmortal, que eres el cronista.

viernes, 19 de marzo de 2010

Pendiente o tobogán

Saber de lo que va esto es un embrollo de muchos años. Y elijo ese oficio.
Porque si algo no se espera uno es que la vida tenga tantos momentos vulgares, y tan seguidos... los cabrones.

Y mira la de viejos que han muerto, cómo si fuese lo normal, morirse al tiempo. Pero claro, lo de las especies y todo eso...
Hay gente que desaparece a los 18, de malas maneras; y sin saber que las ruinas son la única evolución real en esta bola de mierda giratoria.

Y hay despojos mentales que se han decrepitado durante décadas y aún van dando consejos de sección Opinión del Abc.
¡Tíos, que Joe Cocker ya tiene 65 años! Y Spike Lee, 53. ¡Qué esto corre que se jode!

Y si digo que es una vocación saber para qué, no es más que por dármelas. En realidad, ni el qué, ni el cuánto, ni el con quién; lo único que respira libre es el hasta donde; y a veces, el desde donde.

Qué fea se pone la libertad, mierda.



jueves, 18 de marzo de 2010

Un detective indiferente V: Empezando por el deux ex machina



Voy a barajear y cuando tú quieras que pare di "Basta".
Vale ésta es tu carta, cógela y mirala bien porque esta iba a ser tu carta de por vida.
La baraja tiene 52 cartas y de todas ellas tú elegiste ésta.
¿Por qué sé que es la carta de tu vida? ¡Ja, qué más quisieras! No, de hecho tu carta acaba de transformarse en esta otra...¡hop! ¿Te gusta tu nueva carta? ¿No estás seguro? Ya.

Hagámoslo más difícil, ya que no tienes cara de conformarte con lo que tienes... ¿recuerdas la carta que elegiste al principio? Exacto. ¡Difícil de olvidar, verdad! Bueno, deseas lo que no puedes tener; ahora ya no tienes ninguna de las dos...¡alehop!

-Aplausos-

¿Y ahora que miras? Ah, que no quieres creerte que haya terminado el número, claro. Tú mandas...¡yo sólo soy el mago! Piensa en una de las dos cartas desaparecidas. O en las dos. A lo mejor empiezas a comprender donde pueden estar, concéntrate.

Pero, ¿estás llorando? ¿Qué? Ah, te sientes impotente, claro...tú eliges cartas y yo las hago desaparecer sin que puedas hacer nada. Podría ser peor, ¿no? Mira al resto del público, mira sus caras.
Disfrutan el espectáculo, ¿y qué vale eso? ¡Chico, tú lo estás viviendo! Y yo soy como ellos, todos nosotros estamos viendo como las haces desaparecer...una tras otra. ¿Qué? ¡Cómo que no tiene gracia! Tiene TODA LA GRACIA. Porque tus dos cartas ya no existen, están muertas. Mira, cinco, doce, veinte, treinta y cuarenta y nueve cartas. No hay más... sí, faltan tres... la tercera carta es la que ni siquiera conoceras. Así es la magia, amigo; tremendamente real.

-Aplausos-

¡Oh, te empiezas a cabrear, eh! Eso está bien, sigue jugando conmigo... de hecho, ahora jugaremos directamente contigo. Di "basta" una vez más. Oh, el tres de rombos, ¿te gusta? Tiene que gustarte sí o sí porque esta carta eres tú. Como lo oyes. Y...alehop... también ha desaparecido. No me mires así, ¿qué esperabas que pasara?

Aunque tú sigues aquí, claro, mírate ¿sabes por qué? Verás, sólo son cartas y esto sólo es un un bar al que no es la primera vez que vienes. Y la razón última es esa: porque aquí hay chicas guapas impresionables con dinero, ¿no?

Todo esto no lo hago por venganza, amigo. Lo hago porque puedo. Porque soy un mago y puedo adivinarlo todo...espera, no te vayas aún, queda lo mejor... claro, hombre.

Extiende tu mano, así. Bien. Y ahora mentalizate de esto: jamás te vuelvas a cruzar en mi camino, o la próxima vez no me limitaré a retenerte con trucos de manos mientras localizan los cuerpos.

sábado, 13 de marzo de 2010

El espíritu, la carne y Marvin Gaye




Se levantaría por la mañana, bajaría al bar a desayunar, todo muy rápido. Luego subiría a ducharse, y a afeitarse; se miraría un buen rato en el espejo esbozando un plan para mejorar su desnudo, especialmente los pezones.

Luego recorrería todas las tiendas, buscando trabajo, y eso le tomaría toda la mañana.
En lugar de comer, tomaría un café con leche muy grande, y no fumaría ni un cigarrillo mientras se lo tomaba. Y se pediría un postre, cualquiera; un flan a lo mejor.

Sabía que perdería un buen rato mirando a la gente y a los coches, pensando en ella (y en las demás también, pero claro; había una ella y unas demás)

La tarde sería más dura. Especialmente si sabes que te estás quedando solo.
Así que visitaría a alguien... aunque era incapaz de imaginar a quién.
Y si no, si entristecía en demasía, iría acercándose, calle a calle, a su casa. Se engañaría con tareas realizables y acabaría fumando y poniendo viejas canciones.

Por eso tenía claro que, de producirse lo que auguraba, no llegaría al portal; cogería el primer autobús que pasase y se bajaría en cuanto vislumbrase un parque, o incluso un descampado. Porque en esos sitios, caminar sale solo.
Y de nuevo el sol se va sin despedirse.
Le apetecería beber y seducir, pero sabe que ya no tiene aplomo para ello. Condenados a la estupidez de la maldad. De la suya y de la nuestra.

Y andaría hasta casa. Cruzaría el umbral y por un segundo se volvería a sentir tranquilo, conocido; igualmente nada tenía porqué impedír que terminase rompiendo un espejo con la cabeza.

Con esas pintas se freiría un filete -absorto en los caminos no escogidos, las infinitas posibilidades; los condicionales - y al final absoluto del día pondría una colada, se liaría un cigarrillo más; probablemente se tocase un solo de armónica para mantener a la musa con lo mínimo, con cincuenta pavos en el tanga o con promesas de días llenos de sol y niños felices; sabiendo que ya no queda ningún crédito estando todo lo mejor por llegar.

viernes, 12 de marzo de 2010

Esto es una grandísima aventura




Soy un puto encanto de tio...hasta con mi peor careto. Y me atrapan los tatuajes, los piercings y todo lo que huela a desesperación. Los sensatos, las populares, los encantados de conoceros y las baratas podéis seguir disfrutando vuestro momento; haré lo posible para que no se os moleste.

El resto, osea los que leeis (no los que escucháis, habláis, rebuznáis o habláis de dinero, esos seguid en la brecha: "sí, no dejo de miraros...lo hacéis muy bien, vaya, ¡qué buenos sois!")...
¿por donde iba? Ah, sí, al resto un consejo: cansaos, una sola vez, con una vale. Y sudad. En cualquiera de sus variantes. Y leed a Ballard, y visionad a Ferreri, y escuchad a Pla. Y ya.

A ser posible pegadle un tiro a alguien, a cualquiera...algo habrá hecho. Sacaos los genitales o las tetas y pedid una remuneración según la estación, y luego bailad un lento...con besos y tal; también con uno basta. Y ya.

Y ya. Lo demás me lo contáis después de suponer que me interesa. Y que os den lo que a mí no me toca. Sed guapos y macarras, o no, a mí me da igual, y al resto del mundo ni te digo.

martes, 9 de marzo de 2010

Rigurosamente cierto




Tu mundo hecho añicos
dejó servidos a los más prematuros
quizá si mi enseña pudiese ondear...
aprendiendo los grandes felinos
de los niños del pegamento.

Si anoche pudo ser un espectáculo
¡por qué no habrá más fados con bailarinas de diez días!

Acabaremos odiándonos de risa,
sin que la copa llegue a amargar
como el amor al asco de una madre;
para sacar el grano de arena que hay dentro de la perla
y flotar en el rumor, terco, o
en el lejano tintineo,
como prueba de que no he nacido otra vez más.

Y para las fresas que hay que recoger,
para ellas también plañeron las gaviotas
desvanecidas del ayer;
especifidades de mi sentida catársis proscrita.

miércoles, 3 de marzo de 2010

La senda de los bisontes




Lo conjuraron un amanecer temprano, de los de luz tenue, de pajarillos excitados con el sol lejano y rumores de tormenta en otro lugar.
Lo alimentaron con lo añejo, con leche de búfala antes que materna. Le indujeron miles de deseos; pero estaba en otro sitio, despistándose.

Lo vistieron con costosos ropajes que acabaron en el barro y se le mostraron, por otros medios, los parajes deshabitados: no por lúcidos, sino por yermos. Y quiso recorrerlos.
Y ahora no sabe donde está, ni le importa; ya se acerca a la tormenta con excitación. No le importa si debe algo o lo debe todo, si hay precio que pagar o si ya lo entregó al principio.

Porque su mente se ha quedado en el camino, sin ningún motivo importante; y aunque aún no lo sabe, terminará por desandar los pasos.
Para al fin detenerse sus fuerzas y, sin dejar huella, volverse a despistar de lo irreconciliable, y así reconciliarlo.




lunes, 1 de marzo de 2010

Contrato social actualizado



"¿Y bien?"

jueves, 25 de febrero de 2010

Blablablería




¡Qué ostia te daba, pringao!
Pijo de mierda.
Frivoliza ahora que lo tienes todo.
Y dale tiempo a la rueda que te acabará pasando por encima.

Te voy a secuestrar
estilo irakí
voy a hacerte politoxicómano a la fuerza,
pero sin la parte de experimentar "que guay, que conectado estoy a todo...",
imbécil;
eres mi tesina
protagonista de una crónica bien negra.
Mi desahogo
mi buen motivo para lo que venga.
A lo mejor hasta me dan la razón los que consideras tus colegas.
O tus padres, o tu novia.

Y como no hay mal que por bien no venga,
voy a recoger tus últimas palabras
y te las voy a mejorar,
en forma de romance,
o de cántiga,
y te voy a publicar;
así habremos terminado con tanta monserga sobre el librepensamiento
y tu aportación
lamentable
al sueño de Cristóbal Cano.


sábado, 20 de febrero de 2010

Otra semana tontísima



Me he estado engañando: jamás divagué.
Ni perdí el tiempo haciendo las cosas que habrían resultado una completa pérdida de tiempo.

Supe fabricar un amor burgués de miradas y copas de helado; amor de padre, si prefieres.
De entusiasmo en lo fácil, en lo cotidiano, de ese que levanta religiones; del que duele perder.
Y luego se me revolucionó.
Se hizo bramido y campo, con todo lo que conlleva. Para finalmente alienarse en su libertad.

Y lo escribo porque no puedo pintarlo, para pintarlo porque no puedo explicarlo.

Lo que más valoro ahora es traerlo de vuelta con mucho cuidado, ya que es posible que me lo esté inventando todo, como un niño.

Si finalmente voy a envejecer,
me gustaría quedarme solo, como sola está la casa;
y ya que no puedes llevarte tu fantasma, intentaré hacerle reir mientras pueda.

La maldición de la energía



Primero se pone el disco.

Tengo la foto que nos hicieron en Amsterdam;
claro que la tengo.

Retiene lo mejor que he vivido.

Lo atestigua.

Y si no estuviera ahí, conmigo,

no cambiaría nada,

marca sólo un minuto,

un único minuto .


Pero en ella salen todas las veces que nos duchamos juntos,
y sales sin gafas,
pero también con ellas.
Y te veo vivendo conmigo,

estudiando conmigo,

y puesta de mdma;

saboreo el café en tu boca
y la cerveza,
tanta cerveza...

oigo gimotear al perro mientras follamos,

y se me llenan las manos cuando lloras;

se me asfixia el pecho
y me salgo de la cama,
y te reprocho todo lo que iba a venir;

y te suplico que te quedes, que me destroces;

porque quiero vivirlo.

Y en la foto no sabía casi nada de todo eso,

y aplaudo a la vida,

y la vitoreo,

y ella hace una reverencia, antes de irse por bambalinas;

y sabe que ha salido bien.


No tendré otra foto como esa en toda mi vida.
Porque ya no tendré lo que ahí se muestra,

ni seré quién dice que soy;

de lo que aparece en esa imagen

sólo queda la verdad para mí,

y la verdad para ti.

Y aquí estará.
..
Cuando quieras podrás venir a verla.

jueves, 18 de febrero de 2010

Neumoconiosis doméstica

Y de allí se marchó. Arrastraba el paracaídas desplegado por la cuesta y una estúpida sonrisa en la cara.
Y se recuerda porque yo me he quedado por aquí, sequito de ideas, mirándome las manos que parecen rendidas y me asusta la idea de quedarme a solas conmigo y sin hacernos compañía escribiendo...que ya ves, ¡vaya perdida!

Y ese algo mágico que tiene verla siempre más guapa que antes, eso también ha desequilibrado bastante el viaje; vamos, que ni de coña la acompaño porque mi paracaidas lo dirigiría un calígula bañado en crack con síndrome de Peter Pan y esos siempre suelen acabar a proposito en los cables de alta tensión, por el artificio y todo eso.

Y luego está Daniel Alcides, que se inoculó la verruga peruana para poder estudiar su proceso, y la palmó, sin paracaídas ni ostias. Lo que viene a ser el único "todo por la patria" que me he querido creer.

Si te pones a hacer recuento te sentirás tan viejo que la habrás jodido, que es más o menos lo que acabo haciendo cuando escribo de oido, como hoy.
Porque la escritura odia la rutina, odia follar mecánicamente y se acaba marchando con un poeta que juega con el lenguaje.
No sé si por joder...
O por apostar al caballo ganador.

Menos mal que tengo educación y le abriré la puerta de madrugada, cuando vuelva sin llaves y queriendo escribir seis horas seguidas para contarme dónde ha estado.
Se suele llamar "vivo sin vivir en ti"; y no lo dijo una monja porque esas no saben comer un coño.