Ya va siendo hora de entrar en las agendas, ¿verdad? Pero queda una elección ¿la concordia frente a la copa de vino que nunca apetece del todo, o montar un atentado pornográfico para las West End Girls?
No hay prisa, ¿o es el momento de hacer un salto del ángel sobre el río repleto de peste química y desatascos de pocería?
De crío leí "Vania el forzudo", un chaval de las estepas que alcanzaba la fuerza trás hacer el vago siete años comiendo sólo pipas de girasol junto a la chimenea. Los de Barco de Vapor revisitaban Edipo Rey, pero versión rusa y sin padres ni madres...sólo Vania y el zar; o Vania vs. zar; según preferencias.
¿Me habré preparado como Vania para derrocar al Imperio e imponer mi propio reino de terror, o sólo he sido un vago durante más de un lustro que ha comido pipas frente a la chimenea?
Lo que si está claro es que allá donde pongas el pie: ármate de valor, porque alguien lo va a desear; no hay nada que nos excite más que el robo, la apropiación indebida (que me parece un título cojonudo para la novela que nunca escribiré, o para la obra que quizás sólo esté dictada). Y no es que debamos compadecernos del desvalijado, todo lo contrario, admiramos la victoria; aunque sea un estado mental...¿o era social?
Sólo un planteamiento más, ¿será capaz Hamlet de salir de debajo de la cama y jugar con Ofelia a esos juegos nocturnos cerca del río, o madrugará para matar al cabrón de Claudio y sentarse en el trono del éxito del que moja todas las bragas del reino?
Disolvamos la duda y entreguémonos en cuerpo y alma al arcano arte del despiste, actividad para la que no me torturará no tener memoria.
Y el consejo de hoy: Jugar con chicas es el juego de los chicos; me lo dijo una chica cuasiespecial, pero creo que se esforzaba en decir lo contrario... ¡cómo si los contrarios existiesen!




















