
Trastabillaba sin parar mientras apartaba tias buenas; con la copa de alguien y mi propia alegría de comatoso. Sabiendo que nadie puede llevar bien mi ropa. Vocación de proxeneta y de poeta.
La única polvora que cargo está en circunferencias en mis cigarrillos; me sobra para hacer una matanza.
Oyendo mi propia voz pinchada, asustando a los viejos del carajillo. Lanzando un mensaje claro y conciso al hiperespacio y a los hijos de los aliens: no tengo mal perder, pero cuando gano puedo levantar un coloso de Rodas entre dos orillas.
Algunas tías portan un culo perfecto y minifalda o un vestido de lentejuelas y una cresta o un jersey de cuello alto y una sonrisa de folladora nata; y me siento esperanzado como esperan que me sienta en época de elecciones. Y hay señores con los que se puede conversar en rima; hay poemas andantes, que van calle abajo dando saltitos.
Nada de poses, por dentro aprendo lenguas vivas. Y algo más complejo que tener prisa, algo que se me escapa; sólo por ahora.
Váis a estar orgullosos de nosotros.
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