jueves, 11 de septiembre de 2014

Dura lex sed lex



Canalizar el frotar de grillos en cauce caluroso,
ser una piedra que eligió quedarse.
¡Qué va, ser dejado caer de la mano que prestaba alivio!
Y la gravedad como existencia en este machair.
Caen las noches y las estrellas besadoras
vuelven a erigirse como jurado.

Se filtran los líquidos de hoy en la tierra;
ésta los bebe para afrontar su sed.
Y mientras tanto chillan las alimañas:
el pánico es comunión,
las pieles se acartonan de frío y,
para cuando haya consenso,
no quedará tiempo
para las viejas necesidades de los cuerpos.

La muerte no te da ningún valor, no te ofrece el descanso siquiera,
morir es hacer soñar a los vivos con la cerradura de nuestros ojos muertos.

La carcel debe explotar
El miedo debe matarse a carcajadas
Hay que abandonar a los niños
E ignorar a los viejos.

Es ley.

El futuro es el enemigo,
el dios que no nos quiere,
que alimentamos con nuestras esperanzas.
Cuando debemos alimentarlo con nuestro cansancio;   
y así, será partícipe de nuestra culpa.









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